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Nuestro amo juega al esclavo
El ambiente era esperanzador. Las masas de
gente colmaban las principales avenidas, todos se dirigían al mismo lugar. Esa
plaza en donde lloran los pueblos. La
que fue testigo y partícipe de los momentos más oscuros y crueles de nuestra
historia, y la que en silencio supo acompañar todas las luchas.
Había vallas por todos lados y policías
detrás de ellas, de ese lado de la plaza no pasaba un alma. Del otro el
panorama era completamente distinto. Era conmovedor. La plaza estaba llena.
Alrededor de las siete de la tarde saldría a hablar Sergio, el hermano de
Santiago. Pero a las cinco ya no entraba nadie más.
“Yo sé dónde están mis hijos, la mama de
Santiago no”, decía un cartel que llevaba colgado en la espalda una señora de no
más de 50 años.
Todo se desarrolló en paz. En el medio de la
plaza una bandera enorme se desplegaba, era la de los trabajadores de Pepsico,
que pedían, al igual que todos, la aparición con vida de Santiago Maldonado.
Un pasacalle se encontraba en una esquina de
la plaza, frente a la catedral. ¡Lo despareció Gendarmería! , enunciaba.
Santiago Maldonado desapareció cuando
resistía junto a un grupo de mapuches que reclamaban sus tierras en Neuquén.
Tierras que hoy en día pertenecen a Benetton y a Lewis. Gendarmería suele
reprimir cada vez que los mapuches cortan las rutas. Desde el 1 ro de agosto no se
sabe nada de Santiago, varios testigos afirman que se lo llevo Gendarmería,
mientras el gobierno desvaloriza esta hipótesis y pone todo su énfasis en que
seguramente lo hirió el puestero de la estancia de Benetton y los mapuches lo
escondieron en algún lugar, para hacerlo pasar como una desaparición y así
favorecer a algún partido político.
Una
hipótesis con fines macabros que aún con videos y todo deja bien parada a la
gendarmería. Una hipótesis falsa. Hace unos días los análisis dieron que la
sangre de la camisa del puestero no correspondía con la de Maldonado.
Pero aún así con todas estas mentiras instaladas
quedó claro que cuando una sociedad entera dice nunca más, es nunca más.
A eso de las 19hs el sol ya se había
escondido, dejándole lugar a esos cielos en tono violeta que marcan el
anochecer.
Entre aplausos salió a hablar Sergio. Recordando
que hace un mes que lo dejaron sin su hermano, dando a conocer los maltratos
que reciben desde el ministerio de seguridad y el gobierno en general, que pone
en duda todo el tiempo su desaparición. Esperándolo.
“Le pido a la ministra Bullrich que dé un
paso al costado” manifestó. Y todos acompañaron “Fuera, fuera Bullrich fuera”,
eran gritos desaforados, de esos que buscan respuestas.
“Santiago Maldonado, presente, ahora y
siempre, ahora y siempre”, concluyó el acto.
La gente empezó a desconcentrar, el acto
había finalizado. La policía no había tenido casi presencia, pero estaba. Siempre
está.
Mientras todo concluía pacíficamente y la
gente volvía a sus hogares, un grupo de no más de ocho infiltrados apareció en
la calle, tirando piedras y generando enfrentamientos contra la policía.
Estaban todos vestidos de negro, con banderas del mismo color, sin ninguna
inscripción de algún grupo político, estaban recién hechas, detalle importante,
ya que las agrupaciones suelen usar siempre las mismas banderas.
Estos grupos se encontraban con las caras
tapadas. Para ese momento la policía ya estaba desatada. Comenzaron las balas
de goma, tiraban para todos lados, sin asco. Gases lacrimógenos en la cara de
la gente, gente que no tenía nada que ver, que había asistido para pedir por la
vida de una persona, de un par.
Hubo 30 detenidos. Ninguno de los que había sido participe del enfrentamiento. Entre
tres agarraban a pibes y los subían a las camionetas. La mayoría eran
fotógrafos y periodistas, que buscaban retratar lo que estaba pasando. La
policía estaba cazando gente.
“Yo salía del trabajo, y siempre hago el mismo
recorrido para volver a casa porque voy desde San Telmo hasta la boca del subte
A, y me agarraron de una forma totalmente violenta y me llevaron, cuando yo no tenía
nada que ver, una vez en la comisaria nos dijeron ¿ustedes quieren ser el
próximo Maldonado?”, cuenta uno de los detenidos. .
Mientras ellos demonizan. Mientras escupen
odio. Mientras militan la desaparición. Hay una gran parte que elige seguir
creyendo. Fue una marcha esperanzadora porque demostró que hay memoria. Cuando
el fuego crezca vamos a estar allí.
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