Ocupa casi media manzana. Nadie sabe bien a quien
perteneció, se rumorea que es de un conde que vivió en el barrio mucho tiempo,
si bien nunca nadie lo vio es algo vivo en el imaginario popular del barrio.
Corrompe entre las demás casas, típicas de la clase media que son
características del lugar, con no más de dos plantas y un jardín que da a la
calle.
“La casa es enorme, una belleza, tiene 6 cuartos y una
pileta que para la época era una maravilla” dice Dora, una vecina ya jubilada
que en su juventud trabajo de mucama en la casa. Ya sea que pases caminando o
en auto es una atracción del lugar, tiene rejas altísimas y una enredadera que
las cubre en su totalidad, tejas verdes en todo el techo de la casa y árboles,
muchos árboles. Lo que más llama la atención a simple vista es una bow window con vidrios de colores,
similares a los que tienen los techos de las iglesias, ubicada en el ala
central de la casa.
Se dice que el conde se fue en el año 1980, nadie sabe
bien. El problema nace acá. Un matrimonio se mudó enseguida, lo que resultó extraño entre los vecinos ya que la casa nunca tuvo el típico cartel de
alquiler o venta. La cosa es que los nuevos vecinos hablaban un poco más que el
conde. En una oportunidad Graciela le contó a Beatriz que antes vivían en un
departamento, pero que a través de un contacto pudieron mudarse ahí y les
parecía raro el bajo alquiler que pagaban por una casa tan grande, aunque nunca
habían tenido la oportunidad de conocer al dueño.
“Al tiempo se empezaron a llevar mal, la relación se fue
deteriorando y a los 6 meses se tuvieron que mudar”, dice Raúl, que vivió
siempre en el barrio. El tema era así, todas las personas que se mudaban no podían pasar más de seis meses en
la casa. Dos años después del matrimonio aterrizó otra familia, con una hija de
ocho años y un bebe recién nacido. Cuando llegaban las once de la noche él bebe
religiosamente rompía en llanto, en el barrio se empezó a manejar todo tipo de
hipótesis desde que sufría alguna enfermedad hasta que los padres le pegaban. A
los cinco meses se fueron.
No se mudó nadie más, hoy en día la casa esta vacía con
todas sus persianas bajas, de vez en cuando aseguran ver que un hombre hace
mantenimiento del jardín o la piscina, pero nunca hay nadie. Los vecinos no
entienden porque el matrimonio se separó a los seis meses de mudarse, por que
él bebe lloraba sin parar todas las noches o por que un solo hombre vivía en
una casa con seis habitaciones. Sera cuestión de creer o reventar.

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