Religión: Spinner

Spinner. Esta clase de neojuguete proveniente de vaya a saber uno que galaxia es todopoderoso, casi en un acto místico juran que quienes lo tocan quedan libres de todo estrés y se someten  a una especie de felicidad que los comunica en vía directa con un estado de éxtasis difícil de explicar. No juegan a la pelota en la calle, no esperan a sus amigos para salir a andar en bicicleta. No juegan a la bolita ni a las escondidas. Los negocios rebalsan de carteles que dicen “Hay spinners, ¡pregunte!”, no importa el rubro, desde jugueterías, quioscos  y puestos de diarios hasta en farmacias. Sí, porque lo rezan como un “anti estrés”, el mercado actual encontró un nuevo negocio, un pedazo de plástico que cotiza a no menos de 300 pesos y que les hacen creer a los chicos de diez años provenientes de clase media que si no tienen, que si no pueden acceder a esta religión están out. El gran titiritero se ríe una vez más de nosotros. Somos zombis. Lejos quedaron esos días en los que grupos de chicos jugaban a la mancha en los patios traseros de las casas o saltaban con la soga en el patio de la escuela. Salgan al sol, idiotas. 

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